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Cáncer y eutanasia: el padecimiento de enfrentar una enfermedad terminal

Cáncer y eutanasia: el padecimiento de enfrentar una enfermedad terminal

Jazmín Guadalupe Muñoz García

alumna de la ENMJN

 

El presente ensayo va dirigido a todas esas personas que, a lo largo de su vida, han sufrido alguna enfermedad y con muy pocas probabilidades de curarse, pero también a todas las familias que han pasado por momentos difíciles con los padecimientos de parientes cercanos y, considerando que desde el momento en que se les detecta alguna enfermedad incurable o terminal, ellas están conscientes de que les falta poco tiempo de vida y que, en algún momento, deben tomar una decisión para apoyarlos ante situaciones difíciles de tanto sufrimiento.

Por ello, se da aquí a conocer una opinión sobre un tema concreto: “Muerte Digna, una decisión polémica”, mismo que fue analizado en la asignatura optativa de Producción de Textos Académicos, impartida por la Profesora María Esther M. Fuentes Martínez, en el semestre que recién concluyó.

Si bien existen muchas formas de morir, he decido enfocarme en el tema de la eutanasia y el cáncer, debido a que esta enfermedad, a lo largo del tiempo, origina más daños que otros padecimientos en las personas que lo tienen, por lo que su sufrimiento se torna cada vez más fuerte; no solamente para ellos, sino también para las personas cercanas al enfermo, como la familia, amigos, compañeros de escuela o trabajo.

Creo, al igual que la mayoría de las personas, que a lo que más tememos es a la forma como vamos a morir, por esa razón, la mayoría de las veces uno siempre se pregunta ¿de qué me iré a morir?, pues el imaginario social que toda la gente tiene es que la muerte más bonita es cuando estás dormido y ya no despiertas, pero desafortunadamente, en pleno siglo XXI, cada día se originan más y más enfermedades incurables o que tienen poca probabilidad de cura. Por ejemplo, el cáncer, el cual hoy en día, según el articulista Fuentes (2015) menciona que:

El cáncer es un padecimiento de alta incidencia en nuestro país y se ubica como la tercera causa de muerte ya que de acuerdo con los registros del INEGI, del 2004 al 2013, han fallecido 718 mil 424 personas a causa del cáncer, de las cuales en 351 mil 923 casos se trató de personas del sexo masculino; mientras que en 366 mil 458 se trató de casos de mujeres.

Por todas las cifras anteriores podemos observar que, conforme pasan los años, hay más muertes por cáncer y desde mi experiencia puedo relatar que una persona cercana a uno que padezca esta enfermedad, y a la cual se le quiere mucho, le resulte complejo salir adelante, ya que uno nota cómo al paso de los días esta persona va cambiando, pues si bien antes salía a fiestas y disfrutaba la vida con plenitud y felicidad, poco a poco va adelgazando, va perdiendo las pestañas y el cabello, ya no come como antes, y cada semana tiene que ir a su centro de salud a que le practiquen quimioterapia, pero, pese a todo ello, no consigue ver un avance significativo: solamente lo saturan con medicamento, lo cual, con el paso del tiempo, le dañará seguramente otros órganos.

De igual manera, él solo quiere estar en su cuarto encerrado viendo la televisión y esto lo orilla a entrar en una etapa de depresión y todo se torna en una lucha cada vez más difícil para salir adelante, pues según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2016) “la depresión puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio”, por eso, considero que una de las etapas más feas de esta enfermedad es cuando la persona entra en depresión porque, paulatinamente, se va dejando morir.

Es evidente que no se les puede culpar ni decirles “lucha por la vida”, porque en realidad uno nunca sabe cómo se siente esa persona y a veces uno es egoísta porque, a pesar de que lo vemos sufrir, llorar y gritar del dolor, queremos que sigan con nosotros a toda costa, lo cual no es justo. Por esta razón, estoy de acuerdo con la eutanasia, misma que la OMS (2010) define la eutanasia como “aquella acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”. Según este contexto, existen dos formas de eutanasia:

1) Eutanasia directa. Consiste en adelantar la muerte del enfermo.

2) Eutanasia indirecta. Que se somete al paciente a tratamientos terapéuticos que, sin embargo, llevan al paciente, tarde o temprano, a la muerte.

Por todo lo anterior, puedo me resta decir que, como futuras docentes, debemos tomar conciencia y reflexionar sobre esta enfermedad. Sé que se trata de un aspecto muy duro de entender, pero creo que lo más bonito es quedarse con el recuerdo de la persona tal como era antes de la enfermedad, comprenderlo y brindarle todo el apoyo que necesite.

En suma, rescato la frase de François Mauriac (1885-1970), “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. El problema de algunas enfermedades, como el cáncer, es que en muchas de sus variantes no tienen cura y hacen sufrir más a la personas. No obstante, creo que es momento de tomar decisiones, una de ellas puede ser la consideración de la eutanasia, las cual, aunque obviamente repercutirá en toda la familia, podría representar un alivio a ese ser querido y evitar que continúe sufriendo.

 

Referencias Bibliográficas:

 Ferrer, A.E (2010). La eutanasia, 1º Bach. C

Fuentes, M. L (2015), México social: cáncer, letalidad creciente, Excélsior, México.

Recuperado de: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/

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