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La función histórica de la música dentro de los Jardines de Niños

Araceli Jiménez Martínez

docente de la ENMJN

En la base de lo que le pasa a la música en la escuela descansa lo que toda una sociedad piensa acerca de lo qué es y para qué sirve.     Mariana Spravkin

La música ha sido una expresión colectiva constante en todas las culturas a partir del origen del hombre, por lo que resulta un aspecto esencial en la historia por los efectos, funciones y significados que en el transcurso del tiempo ha tenido.

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La música se ha concebido como diversión pero también como un lenguaje artístico que tiene su propia naturaleza. Ha sido también una herramienta útil para incrementar el desarrollo potencial del ser humano de ahí su efecto educativo y curativo.

Su importancia en la educación reditúa en que es una herramienta estimulante porque desarrolla ciertas regiones del cerebro que permiten incrementar el nivel de abstracción, imaginación, memorización, percepción, sensibilización, desarrollo motor y social.

Por ello, es que resulta esencial considerar a la  música como uno de los contenidos disciplinares primordiales, así como lo son las matemáticas y la escritura dentro de la educación preescolar.

La importancia de considerar la educación musical dentro del Jardín de Niños se debe a que este es el primer espacio en la que los niños de tres a seis años entran en contacto con un  contexto social y cultural más amplio.

Se sabe a través de la historia que esto ha sido así desde el siglo XIX con Federico Froebel que da a la música un sentido pedagógico y educativo. A partir de la creación de su obra titulada Cantos de la Madre (1844) dedicada a las madres alemanas que eran concebidas como las primeras educadoras encargadas de la labor de educar y de formar a los niños desde el hogar; Froebel le atribuye gran importancia a los cantos y juegos como contenidos útiles para la crianza.

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Estos cantos fueron retomados posteriormente por Estefanía Castañeda a partir de 1898 en el estado de Tamaulipas en México y posteriormente se propaga a otros Estados de la República Mexicana, donde los niños interpretaban estas canciones traducidas del alemán o del inglés al español dentro de los Jardines de Niños. Se trató de conservar la música extranjera, aunque había casos en que las palabras al traducirse al español sufrían alteraciones de acentuación, por lo que fue necesario buscar la rima, provocando la alteración de la melodía en algunos casos para que se lograra el ajuste del texto. Regularmente se utilizaban ciertos juegos tradicionales como único elemento nacional.

La música para jugar y hacer ritmos era de cantos infantiles europeos y las pianistas de las Escuelas de Párvulos requerían de un buen oído o de copiar las melodías que se creían eran originales y correctas. Con el transcurso del tiempo, estas melodías empezaron a transformarse y aunque algunas piezas tenían el nombre del compositor o autor empezaron a ser modificadas inclusive desde la misma armonía que quedaba a iniciativa del pianista, las educadoras comenzaron a adaptar letras a las músicas extranjeras y a cambiar el texto de los cantos originales “los parvulitos seguían marchando, jugando y bailando al compás de música extranjera, que si bien era bella y apropiada, no estaba hecha para el sentir del niño mexicano.” (Osorio, 1986:9)

En el proyecto de Reforma a los Jardines de Niños del Distrito Federal presentado por Rosaura Zapata en 1928, se menciona que el juego abarca todo el conjunto de actividades froebelianas y éstas tienen una fase especial llamada Juegos de Salón, que consistían en “dar forma a las experiencias del niño, en la naturaleza, en el hogar y en la comunidad, por medio de juegos acompañados de cantos” citado en su revista titulada “JARDÍN DE NIÑOS”, Zapata considera que los cantos  debían ser de:

[Argumentos] y  letra al alcance de los niños, de música sencilla y adaptada al tema, de tesitura apropiada para la edad infantil y de movimientos precisamente adecuados al desarrollo físico de la criatura, debiendo presentar todos esos juegos un carácter netamente nacional. […] Los niños deben expresar en sus juegos ideas y sentimientos y no hacer un acopio inmoderado de cantos y movimientos sin relación entre sí y que sólo sirven para sembrar el caos en el espíritu del niño y el error en su cuerpo. Tanto en la música empleada en sus juegos como en el argumento de ellos tenemos una brillante oportunidad para despertar en el alma del niño el sentimiento por todo lo que de bueno y de bello le ofrece la patria. (Zapata, 1933: s/p.)

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A partir de estas ideas, las actividades dentro de la escuela, debían ser una prolongación del hogar y se descartarían todos los cantos, juegos o tendencias de origen extranjero (excepto lo de Froebel); con la finalidad de mantener una línea nacionalista.

Desde 1933, (aproximadamente), van desarrollándose los programas relacionados con la vida del Hogar, de la Naturaleza, de la Comunidad y del Jardín de Niños. La música era vista como un medio que reforzaba los temas que las educadoras veían con los niños y había cantos  relativos a fiestas patrióticas y efemérides que se usaban en las ceremonias cívicas.

Para los años cincuenta casi nada había cambiado, y Zapata insiste en la reproducción de música  creada por compositores mexicanos y para incrementar el acervo musical en los Jardines de Niños.

Entonces, el Departamento de Música de Bellas Artes, contribuyó con cantos que se adaptaron para los niños preescolares. Es decir, se creó música por compositores mexicanos, un ejemplo es el libro titulado Cantos infantiles para los jardines de niños (1942) cuya música fue compuesta por Manuel M. Ponce  y letras que algunas maestras o educadoras crearon en relación a los temas que veían dentro de su programación semanal o mensual.

Los acompañantes de música en los Jardines de Niños, se dieron a la tarea de buscar entre los compositores mexicanos aquello que pudiera estar al servicio de la escuela y así surgieron marchas, galopas, valses, polcas, entre otros géneros, que fueron inspiración para muchos compositores y pianistas del Jardín de Niños mexicano.

Esta música fue de gran utilidad, por su variedad de ritmos que se usaban para el desplazamiento, movimientos acompañados de canto, que regularmente hablaban de las labores del hogar, algún oficio, para marchar, saltar, galopar, aplaudir y bailar. Entonces se publica el libro de Cantos para Jardines de Niños de Rosaura Zapata que las educadoras usaban para el espacio de Ritmos, Cantos y Juegos. Ella procuró que este libro llegara a todos los Jardines de la capital, luego al de los Estados y finalmente a los Jardines rurales. Algunos cantos provenían de música popular, pero se les adaptó texto que fuera accesible y que respondiera a los temas o acciones diarias del Jardín según los programas vigentes de cada época. Cabe decir, que la música que se creó correspondía a las necesidades del momento y a las posturas ideológicas de las autoridades educativas de la época.

A finales de los años sesenta, se siguió valorando enormemente la música creada por los compositores y pianistas mexicanos y más aun la que era creada por los acompañantes escolares. Se trataba  ahora de ofrecerle al niño música propia de su país, para que desarrollara su educación estética, su sensibilidad y su expresión emocional. La idea de utilizar cantos relacionados con el tema que la educadora estaba viendo en clase seguía prevaleciendo.

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Para los setenta, en el programa de educación preescolar (1979) se considera a la música  como parte de los contenidos educativos que garantizaban el desarrollo integral del niño, por lo que se delimitan los elementos básicos de la música y la forma de ser abordados por la educadora en el aula. Se sistematizan los procesos por los que el niño debe pasar: primero debe conocerse él como un productor de sonido, después a través de los estímulos sonoros exteriores ampliará su gama de posibilidades de creación musical, podrá comunicarse con la música. Además, dentro del aula la educadora abordará el tema del arte donde se familiarizará al niño con la historia de la música y la propia de cada región. La forma de cómo se introduzca al pequeño con la música dependería su amor por ella y su resignificación como parte de su vida. La música era vista como un elemento pedagógico eficaz para el desarrollo de potencialidades de todas las áreas y como medio de expresión y comunicación con el mundo interno y externo. Puede decirse que este fue el momento cumbre del papel de la música en el contexto educativo.

A partir de los ochenta, aún se siguen considerando dentro de los contenidos musicales el canto, los juegos (tradicionales) con música y la orquesta infantil, como elementos dentro del programa de educación preescolar. Solo que ahora la sesión de música recibiría por nombre: sesión de música y movimiento. Los cantos podían ir de acuerdo al tema que se estaba viendo en clase, o no. La música se empleaba en el aula regularmente para relajarse, para la estructuración del tiempo, para ampliar el vocabulario, para ubicarse en el espacio cuando se movía, para saludarse y despedirse, lo que hace ver a la música como medio para aprender contenidos de otro tipo lejanos a los fines artísticos. A partir de entonces la música empieza a perder fuerza e importancia. En algunas ocasiones la música era vista como un recurso de entretenimiento público que debía ser perfeccionado para una presentación o un concierto o para reforzar algo externo a los fines del desarrollo musical.

A partir de la última década del siglo pasado hasta nuestros días, se ha visto dentro de los programas de educación preescolar (1992, 2004 y 2011), que la música es un medio de socialización y de sensibilización que desarrollará el sentido estético y que permitirá la expresión; donde se establece que las situaciones musicales deberán formar parte de los contenidos educativos que se  abordarán dentro del aula por la educadora, de forma cotidiana. Pero hace una limitada selección de los elementos y aprendizajes esperados musicales que no establecen niveles de alcance a partir del desarrollo musical infantil y lo que es necesario “saber hacer” para lograrlo.

Por lo cual, deseamos cerrar con los siguientes planteamientos ¿qué se espera actualmente de la música en las escuelas públicas?; ¿la música debe ser un medio o un fin en sí mismo?, ¿si hay esperanzas para que los lenguajes artísticos prevalezcan dentro de la escuela pública a partir de lo que plantea la nueva Reforma Educativa?

 

CC BY-NC-ND 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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