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Los viajeros franceses como presuntos culpables de la intervención de 1862

Los viajeros franceses como presuntos culpables de la intervención de 1862

Alberto Armando Ponce Cortés

Docente de la ENMJN

 

 

Las siguientes líneas tienen una finalidad propositiva: retomar aspectos poco trabajados o conocidos de los antecedentes de la Intervención Francesa de 1862, sirvan para conocer o esclarecer lo acontecido en ese momento histórico. Tal es el caso de los viajeros franceses establecidos en nuestro país, que para entonces era la colonia extranjera más numerosa, después de la española. Entre ellos hubo algunos que no se establecieron por un largo periodo. Los diarios de esos hombres llegaron a los periódicos franceses, mismos que editaron y reeditaron durante el periodo que va de 1830-1852. Algunos fueron convertidos en libros. Son crónicas de minucias históricas, textos de la vida cotidiana que describen caminos, ciudades y peligros en ellas, comportamientos, tradiciones, etc. Incluso pueden servir para reconstruir los aspectos físicos de algunas localidades. Según lo constata esta primera aproximación, la obra de algunos de ellos destaca también la información en torno a la gran riqueza natural, a las posibilidades para hacer negocio. Otros relatos francamente eran una verdadera fantasía, ya que mencionan el descubrimiento de “Eldorado mexicano”.

Llama la atención la narrativa utilizada en esos documentos, es decir, el diario escrito en el momento del viaje. Esta literatura gustaba mucho a la opinión pública francesa. ¿Hasta qué punto este tipo de documentos puede servir para sustentar una hipótesis de trabajo, tomando en cuenta que nuestro país tiene una experiencia prácticamente nula en el diario de viajeros? En ese sentido, hablar de descripciones de viajeros como algo incitador en la toma de decisiones, y más, hablar de una invasión y todos los significados que corresponden, es absurdo. Pero tampoco se puede descartar. Ciertamente tiene el atractivo de una nueva posibilidad, de un camino diferente en la reconstrucción del proceso histórico de los antecedentes de la intervención francesa.

Hay cuestionamientos que hacer a estos informes, como:

  • ¿Estos diarios exagerados motivaron la ambición de Napoleón III y propiciaron de alguna u otra forma la intervención militar en nuestro país?

  • ¿Qué efectos provocaron en la opinión pública para azuzar la ambición del imperio francés?

  • ¿Contribuyeron para poner en duda nuestra legitimidad como país y capacidad para dirigirlo?

  • ¿Su calificativo de desprecio y de minimización sobre el país dio más elementos para la intervención militar?

 

Tratemos de responder a ello. ¿De dónde llegó la información a Napoleón III para decidir la intervención a México? Y si hubo información, ¿cómo definía ésta a nuestro país? ¿Fue una supuesta riqueza, o la vulnerabilidad de nuestro país, la que definió la declaración de guerra? En este sentido, una de las películas mexicanas que muestra la nula información de Luis Napoleón sobre nuestro país, es “Mexicanos al grito de guerra”[1], con el artista inmortal Pedro Infante. La escena más que evidente, muestra las dificultades que tiene el emperador cuando le presentan un mapa para ubicar geográficamente a nuestro país; primero localiza Asia, después África y Europa, para que finalmente, con ayuda de sus asesores, pueda localizar México. Mencionar dicho filme como documento válido para establecer un criterio definitivo de la ignorancia de Napoleón III sería un error, sobre todo cuando dicha película fue hecha para resaltar el nacionalismo. En este sentido Carlos Monsiváis describió este momento del cine mexicano con una frase: “La historia Patria viene a ser ya filmada, una fiesta de disfraces que se entrevera con recitaciones de primaria”[2].

Una posible fuente de información para los franceses provino de los propios “galos” radicados en el país. Es pertinente establecer que dichos franceses resididos en nuestras tierras son producto tan sólo de la circunstancia. A partir de 1815, “aproximadamente 46 millones de personas han cruzado voluntariamente los océanos para establecerse en los Estados Unidos. De esa suma, una buena cantidad de franceses vinieron a establecerse en California, atraídos por el descubrimiento de las minas de oro”[3].

A diferencia de la migración china y japonesa que se asentó en la época del porfiriato, huyendo de la Ley de exclusión norteamericana en el año de 1887, los franceses intentaron radicar en nuestro país para establecer diversos negocios, y como trabajadores con diversos oficios. De acuerdo con los datos proporcionados por Jean Meyer, para “1845, 1800 franceses, número que equivaldría… a alrededor de una tercera parte del total de los residentes franceses en México”[4].

¿Cuál era el perfil del migrante francés? A diferencia de la migración asiática, que permaneció en nuestro país, la francesa fue resultado de la revolución industrial, tenía oficio y, sin lugar a dudas, sabía leer y escribir. A ese respecto, Meyer nos dice:

“Entre los migrantes que declararon ejercer algún oficio o profesión, tenemos que 5% de éstos eran mineros, horticultores y agricultores, 22% aparecieron como rentistas, fabricantes, o practicando alguna profesión u oficio gracias al cual podían prestar algún servicio a la población, 30% más dijeron ser comerciantes, y el 43% restante artesanos. Un poco más del 10% de los enlistados parece no tener profesión alguna, aunque no podemos descartar que en algunos casos la ausencia de profesión anotada pudiera resultar de un simple olvido por parte del agente consular…”[5].

 

Por supuesto, estas estadísticas nos presentan datos limitados que no pueden ampliar la información para obtener un perfil más cercano a la realidad, además, sería complicado hacer el proceso de verificación. Obtener otros datos, como domicilios y actividades externamente del trabajo, simplemente está fuera de lugar para la oficina diplomática francesa para la mitad de siglo XIX; y nuestro país, simplemente no tenía desarrollado el control político-administrativo de los extranjeros que radicaban en el país. Esto se debió a que el gobierno de esa época, de nula estabilidad política, no dictó criterios migratorios extranjeros, como consecuencia se desconocía el número y las actividades a las que se dedicaban. En este caso, la política de control de población, como es el Registro Nacional de Extranjeros se desarrollaría hasta el año de 1930 y una política de población para la cuarta década del siglo XX.

Ahora abordemos el tema propuesto en dicha ponencia, no sin antes expresar los riesgos que puede tener el retomar los libros de viajeros. Como lo expresa la investigadora Mercedes García Arenal,

Napoleón III

“Los libros de viajes, durante tiempo considerados un género menor tanto por la literatura como por la investigación historiográfica, han sido en los últimos años objeto de un renovado interés. Documento y creación, voluntad de objetivismo frente a la más pura subjetividad, el relato de viaje es una manera de narrarse a sí mismo, de descubrirse en el contraste con los otros, de vislumbrar la imagen que esos otros nos atribuyen frente a la que nos atribuimos a nosotros mismos: es la manera de reflexionar sobre nuestra propia realidad cuando nos vemos enfrentados a una realidad extraña. La nueva historia social y cultural que incorporaba las cuestiones de otras disciplinas y en especial de la antropología, encontró en los libros de viajes una verdadera mina, y los estudios que sobre ellos se han escrito en las últimas dos décadas han coincidido a su vez con un retorno del interés por las imágenes nacionales que se manifiesta en paralelo a la preocupación por la identidad”[6].

Sin lugar a dudas, su aporte es valioso desde el punto de vista que es un testimonio de la época, con su visión particular y propios intereses. En este sentido su estilo va más a lo literario que a lo histórico. ¿Cómo apreciar este tipo de texto para sustentar la recreación histórica? ¿Cómo aplicar el rigor histórico a este tipo de obras y darle el uso adecuado?

Es importante señalar que es España, Francia y Alemania actualmente presentan gran avance en el trabajo de este tipo de fuentes, como el desarrollo de catálogos con abundantes datos de los perfiles de los viajeros, temáticas y líneas de investigación, así como el inicio del desarrollo de una metodología propia.

Tenemos conocimiento de la obra de estos viajeros franceses desde 1830. Muchas de estas obras fueron editadas hasta 1852, sus escritos son de tipo científico, como los que retoman el estudio de las ruinas arqueológicas, la Historia general de México —refieren a cronistas de lo prehispánico, como Clavijero, Humboldt, el General Prim, etc.— los que estudian el comercio, la minería, la vegetación, los insectos, etc. Pero hay otros cuya narrativa se centra en registrar lo que observan durante el traslado —diario de viaje—. Algunos registran en su momento lo que les llama la atención, pero otros hacen sus anotaciones después de varias horas. En este sentido, muchos de los escritos se quedan en lo valorativo, en lo subjetivo; exagerado, minimizando o denostando lo observado. En suma, carecen de sustento científico y académico.

 

De acuerdo con Margarita Helguera, este tipo de obra, aparte de circular en la prensa francesa, se convirtieron en libros muy solicitados, incluso algunos de ellos tuvieron que ser reeditados. Pero lo más interesante es que muchas de estas historias fueron sumamente apreciadas por la opinión pública. Seguramente gustaba el estilo literario del viajero, aventurero que cuenta absolutamente todo lo que ve a su paso, éste influyó para la construcción de un imaginario, sirvió para estimular ambiciones, crear perspectivas de vida en la población francesa. ¿Fue este tipo de obras el que influyó para la decisión final de Napoleón III de invadir México?

Tenemos nombres y apellidos de algunos viajeros franceses que recorrieron el territorio nacional, algunos de ellos declaran que sus viajes fueron financiados con sus propios recursos. Otros, viajaban por temporadas y tenían que trabajar para costearlo. Por ejemplo, J. C. Beltrami, comentaba: “…que viajaba por placer, por curiosidad y que los gastos salían de su propio bolsillo, insiste frecuentemente en la escasez de medios”[7]. En el caso de Pierre Charpenne, “llegó a México muy joven, de veinte años aproximadamente, era natural de Mediodía de Francia y vino a México por espíritu de aventura, deseando enriquecerse rápidamente. No le sonrió la fortuna y tras un año de penalidades, fatigado y desanimado volvió a su patria”[8]. Es conocido por sus viajes por Coatzacoalcos y su fracaso en el intento de colonizarlo, dentro de su obra son muy interesantes los detalles de la vida cotidiana de esa zona, pero lo más valioso es la descripción del comercio que se hacía con Europa vía puerto de Veracruz. Charpenne comenta: “..el comercio más activo es el de los vinos de Burdeos, de España y de Portugal; aceites, índigo, telas de todas clases, azúcar, café; las Antillas proveen a México de estos dos últimos productos, que se dan muy bien en el estado de Veracruz pero cuyo cultivo está muy descuidado como para cubrir las necesidades de los habitantes”[9].

Este tipo de comentarios, con sus sustentos documentales, pueden servir para reconstruir el período económico de la época y, por supuesto, la relación comercial internacional. Tenemos el caso de una persona con reconocida presencia en su país, el ingeniero Michael Chevalier, agente del gobierno francés, profesor de economía, etc. Es famoso por ser el primero en usar el término “latina”, para referirse a la América Española y Brasil. Su obra refiere fundamentalmente al México antiguo.

Dentro de los protagonistas viajeros franceses acaudalados, científicos e intelectuales, está Isidore Löwenstern que, “gracias a su fortuna personal pudo realizar largas e interesantes viajes por el Oriente, por América e incluso llegó a China”[10]. Algunos críticos de su obra ven fuertes tendencias colonialistas que influyeron en los asesores de Napoleón III. Al respecto el historiador Carlos Castro Osuna comenta: “…fastidiados por su actitud racista y anti mexicana recelan que dada su facilidad para viajar sin problemas monetarios y su filiación clara hacia la monarquía como forma de gobierno ideal lo hacen sospechoso de ser una avanzada para propósitos de tipo colonialistas”[11]. ¿Qué relación pueden tener sus informes sobre Mazatlán con el ataque militar francés? Sobre todo cuando él mismo señala la importancia del puerto, “…dicho puerto se había convertido en el principal centro comercial del pacífico, superando a Acapulco, San Blas y otros lugares que habían tenido importancia en la época colonial”[12].

Tenemos el caso de Conde Gastón de Rousset-Boulbon, individuo maquiavélico que tenía proyectado la separación de Sonora, bajo el protectorado francés, de este modo, el historiador Joaquín Ramírez Cabañas refiere las negras intenciones del Conde. “…Sonora era la meta, el emporio preferido de estos tramposos, abigeos y aventureros de toda clase. Rousset-Boulbon tiene, pues, una genealogía de la que difícilmente podría vanagloriarse y, como es previsible, dejó también sucesores y legatarios”[13]. Finamente, el Conde fue fusilado por los representantes del gobierno de Sonora.

También pisó suelo nacional Jean Jacques Ampére, hijo del físico francés André Marie Ampére, famoso por sus trabajos sobre electricidad. Jean, como historiador, en su obra La América, se enfocó en resaltar los acontecimientos históricos de México. Huelguera menciona que “Ampére llegó a México en enero de 1852 y salió en abril del mismo año”[14]. Los siguientes franceses radicados en nuestro país fueron significativos por su obra de acuerdo con la prensa francesa, aunque no se presentan datos que documenten su estatus económico, social o que hagan referencia al origen del financiamiento de sus viajes por el país. Esos viajeros fueron: Gabriel Luis de Bellemare, (que firma su obra como Gabriel Ferry), Paul Duplessis, Charles Olliffe y Arthur Morelet.

¿Cuáles son las ideas que abrazan los viajeros en sus recorridos por el país? En el fondo, lo que informan es acerca de ventajas económicas y políticas sobre el país, es decir, proporcionan la imagen de un país con riqueza natural inagotable. Ésta es la imagen recurrente en la mayoría de los diarios de viajeros. Lo cual refuerza Beltramis: “Poseen (los mexicanos) todas las cualidades de tierras y todos los climas propios a las producciones de ambos mundos: la naturaleza les ha concedido un depósito general de todos los metales los más preciosos y necesarios; la providencia los colocó entre la Europa y las Indias orientales y los dos grandes mares bañan sus costas en una extensión inmensa. […] Además el mar de California les ofrece perlas, así como las tierras interiores oro y plata, recogidas con abundancia en su seno”[15].

Otra idea periódica de los viajeros se encuentra en el desarrollo de la agricultura, pensando en los cultivos de café, cacao, caña de azúcar, etc. Asimismo se empieza a desplegar el comercio —muchas de las primeras actividades de los migrantes franceses estuvo en los negocios de venta de productos franceses—, además de abrir la industria, campo no desarrollado en nuestro país. Es importante señalar que dentro de las ideas expuestas se hace referencia a señalar las características de la población: abundante y susceptible a ser explotada por el imperio francés. Pensamientos habituales también fueron

“la desastrosa situación política de México; los mexicanos y sus defectos, el que más se deja ver es la del mexicano vago, flojo, poco merecedor de esta patria tan llena de riquezas naturales. Otros comentarios versan sobre las grandes reformas y mejoras que podrían introducir los europeos en México; los inconvenientes, muy escasos, que habría que afrontar para llevar a cabo dichas reformas y sugestión o petición declarada de intervención francesa en México, lo que sería un bien para todos, tanto franceses como para mexicanos”[16].

A final de cuentas, la obra de estos viajeros deja ver que México es una presa muy vulnerable y Europa es un cazador implacable.

Otros informes son los de diplomáticos franceses, estos manifiestan un optimismo desbordado sobre el aplastante triunfo de Francia; entre ellos se encuentran los de cónsules como el Vizconde Gabriac; Dubois de Saligny y Jurian de la Graviere, quienes exponen: “se debe intervenir, sobre todo por la facilidad de dicha empresa y por la incapacidad que tiene el país al vivir permanentemente en guerra civil. Nuestra intervención será salvadora, se aplicará la justicia internacional, lo protegerá de la disolución y el caos político y de la inminente amenaza norteamericana y su anexión”[17]. ¿Hasta qué punto estos informes fueron definitivos para decidir el futuro de nuestro país? Hasta el momento no hay pruebas históricas que indiquen su influjo en la decisión de Napoleón III de intervenir en México.

A manera de conclusión, los diarios de viajeros deben ser retomados para la reconstrucción de los hechos que dieron origen a la intervención francesa. Posiblemente los informes de estos viajeros sirvieron a la milicia francesa para atacar puntos estratégicos de nuestro país, como son los puertos de Veracruz, Mazatlán, Acapulco, etc. Es decir, debilitar a nuestro país a través de las intrigas fomentadas por los informes de viajeros, que fueron aprovechadas por los conservadores para beneficiarse de la situación y mostrar su apoyo al gobierno francés y al malogrado emperador Maximiliano.

Estos documentos tienen que incluirse como fuentes para nuevas interpretaciones de la intervención francesa, sobre todo y a pesar de las limitantes mencionadas, son testimonios de la época y una beta para nuevas líneas de investigación hacia una visión integral de tan importante acontecimiento.

 

 

 

NOTAS

[1] .-Película Mexicanos al grito de guerra

[2] .-Periódico Universal, secc. Espectáculos. 14 de septiembre de 2004

[3] Mitchson, Lois. La china de Ultramar. Una migración problema, Trillas, México. P. 13

[4] Cramaussel Chantal. El perfil del migrante francés a mediados del siglo XIX, El Colegio de Michoacán, México, 1982. Pag.2

[5] Ibid. Pag. 18

[6] García Arenal Mercedes, Viajeros árabes a España, españoles a Marruecos: la misma cara del espejo. CSIC

[7] Helguera M. Margarita. Posibles antecedentes de la intervención francesa. UNAM. P. 6

[8] Ibid. P.7

[9] Poblett Miranda Martha. Charpenne, Pierre. Mi viaje a México o colono de Coatzacoalcos. Conaculta, México

[10] Ibid. P. 8

[11] Castro Asuna Carlos y Mario Cuevas Arámburo. Mazatlán en 1838. Los mazatlecos vistos por un austriaco: Isidore Löwenstern. pág. 95

[12] Ibid. Pág. 98

[13] Ramírez Cabañas, Joaquín. Gastón de Rousset-Boulbon. Conquistador de Sonora. Gobierno del Estado de Sonora, Colec. Frutos del Desierto. Pág.12

[14] Op.Cit. Helguera. P. 10

[15] Beltrami, J.C. Beltrami, México, 3 volúmenes, traducido del francés para el folletín de El Fedalista, Imprenta De. F. Frías, 1852.III. p. 237

[16] .-Op. Cit. pág. 14

[17] Op. Cit. Helguera. Pág.4

CC BY-NC-ND 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Acerca de Alberto Armando Ponce Cortés

Maestro en Historia por la UAM. De 1996 a 2006 fue Director de las Casas de la Cultura Jurídica de Torreón, Coahuila y de Puebla. Actualmente es Catedrático en la ENMJN. Ha colaborado en la gestión de diplomados, cursos y conferencias en las Casas de la Cultura Jurídica, así como en las Facultades de Derecho de la BUAP y la IBERO. Ha colaborado en revistas y en libros sobre derecho e Historia. Es colaborador en la Revista Voces, de la Escuela Nacional para Maestras de Jardines de Niños.

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