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Una muy buena impresión: Charla con José Luis García González

Una muy buena impresión

Charla con José Luis García González

Impresor de la ENMJN

 

 

 

Al fondo del último pasillo, en el rincón más apartado del trajín de nuestra escuela, se encuentran los dominios de José Luis García, trabajador incansable y encargado perseverante del taller de impresión de la ENMJN. Siempre jubiloso e inquieto, es el Señor José Luis una figura significativa en el ámbito de la comunicación y la logística en general de esta institución, pues se ha encomendado a producir tantas cosas útiles que usamos todos los días: desde una postal de felicitación, hasta la tarjeta de firmas, desde un formulario de examen hasta el encuadernado de una tesis. Cabe señalar que durante la plática, llegó mucha gente a buscarlo en torno a no pocos trabajos y encargos, por lo que, por momentos, tuvimos que interrumpir y reanudar el diálogo.

 

De máquinas y detalles

Todavía no es mediodía y para el señor José Luis la mañana es añeja. Como todos los días, hoy ha llegado muy temprano a la Escuela, pero esta vez para arreglar algunos de sus últimos pendientes ahora que ha decidido pensionarse y dar por cumplida su larga misión en la ENMJN. Accediendo a su área de trabajo, los amplios ventanales iluminan la singular morfología de sus muebles y sus máquinas. Siempre vestido en ropa de trabajo, esa inconfundible bata gris es su mejor distintivo. Con la cortesía que lo caracteriza, José Luis nos recibe ante el escritorio contento por esta entrevista.

 

1994. En el Curso de Offset, junto a la máquina de impresión.

 

Revista VOCES: ¿De dónde le viene ese espíritu de inquietud y de trabajo tan suyos?

JOSÉ LUIS: Desde muy pequeño, mi papá nos dijo que él no nos podría dejar una herencia y que lo mejor era aprender a trabajar, de modo que así nos incentivó y nos cubrió los estudios de secundaria. Pero al poco tiempo, hacia 1972, mi padre se enfermó de diabetes y ya no podía trabajar; de modo que tuve que aplicarme y hacer frente, pues fui el mayor ¡de ocho hermanos!

 

Revista VOCES: ¿Cómo fue que llegó a la ENMJN?

JOSÉ LUIS: Mi mamá y mi hermana trabajaban en el Jardín de niños anexo, mi madre estaba de permiso por enfermedad (Artículo 43). En esos tiempos era posible hacer una transferencia personal de la plaza a un familiar mientras ésta no se ocupara. Fue un año de permiso de ella y uno de trabajo para mí. Así que llegué al jardín de niños en 1990, y a mitad del año me transfirieron a la escuela, al área de 4º grado, a mantenimiento: limpiaba salones y la Cámara de Gesell…. Luego fue mi hermana la que salió de permiso y la historia se repitió casi otro año. En ese entonces recuerdo que la directora era la Maestra Margarita Reyes Sales.

Como ya no podía cubrir a mis familiares, tuve que pedirle a la Maestra Reyes Sales una oportunidad para ingresar formalmente. Sólo tenía por recomendación mi propio trabajo. Ella me dijo: “Luego lo llamaremos, cuando sea la ocasión”. Dentro de mí yo dije ‘ya valió’. Pero no mucho tiempo después me llevé la sorpresa contraria, con una llamada de la secretaria de la directora, de María de Jesús Martínez Vite, a quien conocemos como Chuy, quien trabajara en las copias por buen tiempo.

1994. Fin del Curso de Offset en el Cecati Número 13

 

Revista VOCES: ¿En qué circunstancias vivía usted entonces?

JOSÉ LUIS: No hacía mucho tiempo me había casado y tenía un bebé de menos de dos años. Mi familia había andado como nómada, y rentaron por toda la ciudad: hasta en Azcapotzalco y Tláhuac. Yo, de 3 pm a 10 pm, tenía otro empleo en una empresa de productos plásticos llamada IMPLAX. Había una diversidad enorme de plásticos, colores, tamaños, durezas. Yo creo que ahí conocí mi gusto por la profusión de los detalles.

Aquí en la escuela había otro encargado de la imprenta: Pero un día se fue; nunca supe exactamente por qué… Es curioso, pero en los empleos que he tenido, siempre llegué a partir de los puestos más bajos; así que en la industria empecé por barrer máquinas mucho antes de que aprendiera a usarlas; tal como ocurrió acá en la escuela. Yo siempre he querido superarme. Luchar para vivir mejor y ganar más.

 

Revista VOCES: ¿Cómo fue que aplicó esa estrategia?

JOSÉ LUIS: Pues de limpiar máquinas, me pasé a trabajar al almacén, donde aprendí sobre el orden de muchas cosas… Pero no era suficiente; yo quería un tiempo extra para ganar un poco más. De modo que, luego de insistirle al jefe y decirle que ya dominaba mucho acerca de la empresa, él me dijo: “Ya sé, te voy a trasladar al Departamento de mujeres”, que en realidad se llamaba Departamento de acabado. Para ese entonces, yo desde pequeño había trabajado solamente con hombres.

Los hombres en la fábrica efectuaban toda la parte más ruda y eran las mujeres quienes hacían el trabajo más fino y corregían los errores de algunas piezas; había una pequeña línea de producción en la que hacían los acabados en serie.

 

1994. Recibiendo el diploma del curso, de manos del Maestro Melitón Acosta

 

Revista VOCES: Tal vez usted ya estaba predestinado a trabajar cerca de las mujeres…

JOSÉ LUIS: En un principio fue muy difícil, por mi falta de costumbre, pero al cabo de unos meses, me adapté a ser el único hombre entre 50 mujeres. Primero, como era el único de mi género, me cotorreaban y me daban la vuelta, pero pronto me fueron aceptando y me les hice familiar. Y me quedé 5 años. Lo que hace la confianza. Pero no todos se lo tomaban tranquilo, pues por ese entonces, el que era jefe de toda el área y que estaba casado y con familia, embarazó una empleada cuyo padre le amenazó de muerte si no daba la cara. De modo que desapareció, y así fue que, intempestivamente, tuve que ocupar su lugar. Vaya destino.

Así fue que me quedé como jefe del área. Tenía como 20, a lo mucho, 21 años. Me pusieron a prueba tres meses. Ahí ya casi no trabajé con máquinas. Entonces me apliqué muy bien para trabajos manuales. Hacía mis inventarios. Creo que desde entonces yo tenía mucha visión, mucho sentido del orden. El resto de los otros hombres eran jefes de área, y todos al menos eran del doble de mi edad. Estaba completamente entre mujeres. Tenía a una supervisora. Y supervisaba mujeres.

Algo que me daba mucha tristeza era cuando debía notificar a las mujeres que, por necesidades de la empresa, serían finiquitadas y despedidas. Era un predicamento, pues había entre ellas madres solteras y otras con dificultades económicas. Todas me decían sus argumentos, y eso era muy difícil, pues era a un tiempo su revisor y su amigo… Así estuve 5 años.

 

2010. Sr. José Luis y su esposa Rosaura Hernández, de visita en el Museo de Historia Natural

Revista VOCES: ¿Cómo influyó esa cotidianidad en su vida sentimental?

JOSÉ LUIS: Todas las obreras de la fábrica tenían cabello corto y pantalón. Pero de entre todas, había una chica que no se decidía ni a usar el pelo corto ni a cambiar su falda por los pantalones. La verdad eso me llamó de inmediato la atención. Tanto fue así que, a lo mucho un año después, nos entenderíamos muy bien, y ella sería mi mujer. Nos casamos en 1988, y ya para 1989 nacería mi primer hijo. Salí del almacén hasta 1992. En resumen, ahí en ese empleo todo había empezado bien, pero acabó desgastado y con presiones. Con otra generación de dirigentes. Aburrido por un lado, pero con una gran experiencia por otro.

 

Revista VOCES: Muy bien, Señor José Luis. Ahora nos interesa retomar su presencia y su dedicación en esta escuela.

Forma en metal para imprimir

JOSÉ LUIS: Como le decía, llegué en 1993. El Señor Juan José Infante era el jefe de mantenimiento y el Licenciado Juan Álvarez Retana era el subdirector administrativo. En este taller, en esa época, se producía una publicación, la Revista Imagen, que era la precursora de lo que tiempo después sería Voces. Todo el trabajo de difusión, folletos, invitaciones y comunicados se hacían en la imprenta. Nada era digital como hoy. No había ni computadoras. De 1993 al 2010 hubo mucho trabajo. Eran los de las máquinas de escribir y los encargos a cada rato. No había un instante para descansar.

Caja de tipos de metal

Yo aprendí a los 17 años muchas cuestiones de las imprentas, pues mi papá me había llevado a trabajar a la imprenta de un amigo suyo. Fue lavando los tipos metálicos con gasolina que conocí las letras y cómo se acomodaban. Los tipos se ordenan en caballetes que, a su vez, se disponen en la Caja California. Los tipos se ordenan alfabéticamente y por mayúsculas y minúsculas. A la caja de letras se le llama rama, y a lo que va en su interior lo conocemos por forma. Es donde están las regletas y las grapas que sujetan la página para imprimir.

Operando la máquina Chandler

El equipo de nuestra escuela era bastante artesanal, mientras que en la DGENAM ya tenían algunas máquinas de offset. Aquí la reina de las máquinas ha sido la Chandler, la cual sigue funcionando ahora mismo. Se trata de un artefacto de por lo menos 70 años. Esa máquina es mi enamorada. Ha sido la de batalla todo el tiempo. Por otro lado, hay una guillotina manual que tiene 50 años, y hay otra eléctrica un poco más nueva. Sin duda, aparatos muy bien hechos.

 

Revista VOCES: ¿Cómo se vive entre las máquinas?

JOSÉ LUIS: Estas máquinas me dieron la pauta para aprender más. Había entonces necesidades concretas; nada menos que las tesis de las alumnas, su impresión, su empastado y acabados, etc. Así que había la necesidad de aprender a usar offset y encuadernación. Pero esa instrucción la tuve que buscar afuera y por mi cuenta. Entonces encontré un Cecati, el famoso número 13, en el sur de la ciudad. Ellos tenían una materia que se llamaba “Artes gráficas”, que cumplía con todas esas técnicas, además de serigrafía. Como el curso era por mi cuenta, no sólo me lo costeé sino que me daba unas buenas matadas. Venía a la ENMJN de 7 am a 2 pm, luego tenía que llegar al primer curso al Cecati de 3 pm a 6 pm y el último de 6 pm a 9 pm. ¡Uf!… Prácticamente así estuve al menos año y medio pasando por todas las técnicas de impresión. No cabe duda de que ésa era mi vocación.

Había descubierto la importancia de un verdadero oficio. En la ENMJN existía una demanda franca y sólo yo podía encararla. Pero no sólo era estudiar; había que practicar mucho. Digamos que toda esa época de aprendizaje y estudio me llevó del 93 al 96. No hubo más remedio que imponerme metas y superar todos mis errores con tal de no quedarme estancado.

2007. Equipo de futbol. El Sr. José Luis al centro, abajo. Lic. Juan Álvarez Retana, arriba al centro. Y otros trabajadores de la ENMJN

 

Revista VOCES: ¿Cuáles considera que son los principales retos de su trabajo?

JOSÉ LUIS: Son casi siempre dilemas de registro, que los registros de cada tinta, de cada color caigan perfectos en el papel, y no se desperdicie mucho material…

Algún día trajeron acá una offset, la cual me tocó estrenar con un ejemplar de VOCES en papel couché. E hice las placas y todo. Entonces el maestro Humberto Alonso, nuestro director de ahora, era el encargado del Área de Difusión Cultural. El trabajo era difícil, pues ese tipo de papel era muy delicado y brillante, fácil de ensuciarse. Se hicieron más de 150 ejemplares de esa edición especial. Me advirtió el licenciado Álvarez Retana que usar esa imprenta resultaba muy caro y definitivamente había que hacerlo en fotocopias de ahí en adelante. Lo saben los que seguían a Voces.

 

Revista VOCES: ¿Cuáles son los productos habituales de la imprenta desde su llegada hasta la fecha?

JOSÉ LUIS: Las tarjetas de personal, las tarjetas de biblioteca, boletas de calificaciones para Control Escolar (antes de que existieran las computadoras) y, desde luego, la Revista Voces, misma que había que fotocopiar, compaginar y engrapar, una por una. Por ahí del 2002, el taller se fraccionó con papelería y llegó un señor llamado Raúl y se quedó hasta que un poco después, en el 2012, llegó la señora Chuy. Ellos ya ofrecieron servicios más directos con las alumnas y que siguen necesitándose todo el tiempo: copias, engargolados y ventas de papelería en general. Como todo era más escolar que comercial, las chicas tenían que pedir un vale en el Área de Recursos Financieros, pagarlo y regresar con él acá.

 

Revista VOCES: Cuéntenos algo singular que le haya ocurrido.

JOSÉ LUIS: Un día sentí que iba a perder la mano, pues se me quedó atorada entre los rodillos y la lámina con tinta de la máquina de offset. Estaba lavando los rodillos ¡y que se me prende sola la máquina! ¡Sola! Nunca pude entender cómo es que el interruptor se encendió así nada más. Tuve que sacar la mano deprisa y apagar la máquina por instinto. Ahora entiendo cuando los compañeros dicen que acá en el fondo de la escuela y, en la parte de atrás, espantan. ¡Ja-ja-ja! Por más que traté de concebir cómo fue que se encendió sola, nunca hallé una razón.

 

Una escrupulosa organización para localizar cada tipo que se necesite

Revista VOCES: ¿Cómo transcurre cualquiera de sus días?

JOSÉ LUIS: Vivo en Tláhuac con mi familia desde 1982. Unos cuantos años antes de la muerte de mi papá vivíamos en la Colonia Santa Julia, pero al final, como nos quisieron duplicar la renta, nos mudamos a Tláhuac. Así me nació la idea de comprar un lugar, aprovechando algunos consejos de conocidos y amigos… Con el tiempo me instalado bien ahí. Tláhuac ha cambiado mucho. Por ejemplo, desde que está la Línea 12 del metro, lo uso para venir a la escuela. Me quedó perfecta. A lo mucho me hago una hora a casa.

 

Revista VOCES: ¿Les enseñó el oficio de impresor a sus hijos?

JOSÉ LUIS: Los tres saben manejar bien la imprenta pues, desde pequeños, yo los traía al trabajo. Eran mis ayudantes. Me hacían las formas, los dobleces, etc. Aprendieron lo relativo a la impresión, aunque al final cada uno tuvo una carrera diferente, pues les di la libertad de escoger lo que les interesara.

Luis Ángel (ahora tiene 28 años) estudió sobre computadoras en el Cecyt, y luego se recibió en Upiicsa como Ingeniero en Informática. Jorge Arturo (de 23), luego de estudiar en el Cecyt, se fue a formar como Laboratorista Clínico. Es curioso, pero desde que son niños, siempre les vi las tendencias de lo que se convertirían más tarde, por ejemplo, a Jorge Arturo siempre le llamó la atención la naturaleza y los animalitos, el detalle. Ahora sigue su formación para ser químico bacteriólogo. Óscar Daniel (que tiene 21 años), del Cetis 1, que está en Tláhuac, se fue a estudiar mecatrónica. Y se metió a trabajar a un Oxxo. Se puede decir que en algo repitió mi historia, pues a partir de trabajos más sencillos se fue colocando en las cuestiones de máquinas y computación, así que empezó a ganar mejor.

Se puede decir que siempre les ha gustado los estudios y el trabajo. No les he dejado una herencia millonaria pero les he dejado algo muy valioso, un oficio. Eso y la confianza de haberlos acompañado en sus elecciones y su vocación. Ellos son mi orgullo.

 

Revista VOCES: Sabemos que ahora se marcha de la ENMJN. ¿Por qué lo ha decidido?

JOSÉ LUIS: Decidí pensionarme ahora que ya crié a mis hijos y que puedo cuidar mejor de mi salud. Disfrutando de ellos y de lo que mi esposa y yo les hemos inculcado: respeto, comprensión, responsabilidad. Ha sido una misión cumplida. Estoy orgulloso también de mi mujer pues, incluso sacrificando la economía en los tiempos más apretados, ha tenido la entrega de acompañar a nuestros hijos de cerca en sus estudios e ido a las juntas de sus escuelas durante años. Sin faltar a una. Haber estado cerca fue algo que al paso del tiempo agradecemos en su formación. Ellos mismos fueron los resultados. Una inversión. Los tres han sido de la escolta, por ejemplo, puros nueves y dieces. Creo que yo también hice lo propio, pues elegí la compañía del trabajo y la familia en lugar de los amigos y la parranda.

 

Revista VOCES: ¿Qué espera de la vida que usted ha decidido tener ahora?

JOSÉ LUIS: La muerte de mi hermano, el más chico en 2009, a consecuencia del alcohol y las drogas, fue demasiado significativa para mí y mi familia. A partir de ello, nos acercamos más a Dios. Muy un reto muy doloroso, pero su muerte sirvió para reflexionar y unirnos. Ahora vamos a la iglesia de vez en cuando. Mis hijos incluso se han preparado con cursos.

Mi sueño es darme un tiempo de calidad con mi esposa, ahora que ya estaremos más juntos. De hecho, estamos por cumplir 30 años de casados y vamos a confirmar los votos matrimoniales. Nosotros somos cristianos. Simplemente quise eliminar la mala vida de mi familia. Y funcionó, por ejemplo, mis hijos no son viciosos ni groseros.

 

José Luis García. Impresor.

 

Revista VOCES: ¿Qué le gusta hacer para descansar y qué otras actividades hará ahora?

JOSÉ LUIS: Ah, pues mi computadora. Mi hijo me consiguió una laptop. Y ya he tomado algunos cursos de cómo manejarla al máximo. MI delirio, mi pasión es la música, y ver mis películas. Por otro lado, sigo con la idea de superarme. Tengo 60 años. Está pendiente todavía aprender diseño gráfico. Saliendo de los trámites de mi pensión. Esa es mi primera opción, hacer un curso de diseño gráfico de 6 meses. Eso ya lo haré desde Tláhuac.

 

Ceremonia de despedida de José Luis con su esposa, y el Maestro Juan Humberto Alonso y los demás directivos de la ENMJN.

 

Revista VOCES: ¿Con qué impresión de la ENMJN se queda el impresor de la ENMJN?

JOSÉ LUIS: Una muy buena impresión. En estos 27 años que llevo laborando, le estoy agradecido a la escuela. Tratando a la gente y a las alumnas con respeto y cariño. Haber trabajado entre mujeres lo cambia a uno para bien y le ayuda a comprenderlas y comprenderse mejor uno mismo. Veo que, en general, estando en un ámbito laboral de puros hombres, se genera un ambiente de machismo. Pero trabajando y conociendo íntimamente a las mujeres, uno queda definitivamente admirado.

De toda mi experiencia de trabajar junto a mujeres, reconozco que ellas tienen un sentido más que el hombre. Pues se desenvuelven y hacen las cosas mejor. Incluso pueden realizar muy bien dos o tres actividades a la vez. El hombre no. Hay muchas mujeres que son madres solteras y aparte hacen tantas cosas que es impresionante: criar hijos, llevarlos a la escuela, hacer comida y trabajar tiempo completo. En resumen, admiro y valoro mucho a las mujeres. Me gusta apoyarlas. Ahora, por ejemplo, que ha sido mi despedida, tantas de ellas me han dado un abrazo tan sincero, que en verdad dan ganas de llorar. ¡Hay tanta emoción!

Saludando y operando la legendaria máquina Chandler

Tan sólo en casa, por ejemplo, que somos cuatro hombres y una sola mujer, no falta quien lave la ropa, los platos y comparta perfectamente el trabajo de la casa para aligerárselo a mi esposa. Los tres hijos saben hacer de todo: lavar, arreglar ropa y cocinar, además de sus oficios. Siempre me han ayudado.

Me considero un hombre satisfecho. Simplemente, me encuentro feliz y agradecido de todo lo que he vivido, de mi presencia en esta escuela y de los alegres proyectos que aún me esperan. ¡Muchas gracias! 

 

 

 

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