Todo lo que habita en mí

Todo lo que habita en mí

Ximena Guadalupe Martínez Ramírez

 

 

 

Siempre he sabido que en mí viven muchas versiones de mí misma: la niña que disfrutaba hacer travesuras, la adolescente que se perdía pensando en todo, la joven que se apasiona por lo que hace, la adulta que algún día seré y la anciana en la que me convertiré. A veces me siento confundida entre tantas partes que habitan en mí, pero también estoy convencida de que todas se entrelazan entre sí.

Como mujer me veo soñadora, apasionada y sensible. Soy de esas personas que disfrutan de las pequeñas cosas, de aquello que muchas veces pasa desapercibido porque se vuelve parte de la rutina. Disfruto detenerme a mirar lo que está a mi alrededor, observar el cielo, las flores, los árboles, las personas y los animales. Poder pausar un momento mi vida caótica y encontrar belleza en esos pequeños momentos me hace sentir conectada con la vida y conmigo misma.

Me veo fuerte y valiente. Claro que soy vulnerable y cursi, pero aun así me veo como alguien capaz de seguir adelante a través de las dificultades. Alguien resiliente, empática, amable y poderosa. He entendido que la sensibilidad no me hace débil, sino profundamente humana.

También me veo como una mujer que muchas veces ha sentido el peso de los estereotipos y de los roles que la sociedad impone sobre lo que una mujer debería ser, pero aun así dentro de mí existe una sensación de libertad que me recuerda que no nací para encajar en las expectativas de los demás. Me veo como alguien que aprende a construirse desde su propia esencia, desde aquello que le da paz al alma.

Como alumna me veo llena de miedos, pero sobre todo llena de metas. Me veo como alguien que desea aprender de manera autónoma y también de forma colectiva, porque siento que ahí es donde el aprendizaje se vuelve más significativo. Aprender de los docentes y de mis compañeras me ha hecho comprender que el conocimiento no es algo que se vive en solitario.

Me veo también como alguien que se estresa, que siente ansiedad y que muchas veces duda de sí misma, pero que aun así encuentra en la vocación mucha fuerza para seguir adelante, porque aunque el miedo muchas veces me quiera detener, son las ganas de aprender las que siempre terminan impulsándome. Como estudiante, en ocasiones he sentido que mi voz pasa desapercibida y en otras me he sentido vista y escuchada. Esa dualidad me ha enseñado a cuestionar la manera en la que aprendo y en la que me relaciono dentro de los espacios educativos. Sin embargo, por encima de todo, me veo aprendiendo por gusto y no por obligación. Me veo como una estudiante que se desvela porque hay algo dentro de mí que disfruta descubrir nuevas cosas, cuestionar, reflexionar, analizar, comprender y sentir que cada cosa que voy aprendiendo es siempre para ser mejor.

Como docente en formación me veo en una construcción gradual, una que muchas veces me hace sentir insuficiente y cansada, pero que al mismo tiempo me llena de esperanza y de ganas de seguir adelante. Me veo como alguien que aún está aprendiendo a ser maestra y que, a su vez, ya lo está siendo poco a poco en cada experiencia y en cada práctica.

Me veo como alguien que tiene muchas dudas, pero que aun así conserva la genuina intención de enseñar y acompañar a las infancias desde el amor y la empatía. He comprendido que enseñar no es solamente transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de pensar críticamente, convivir con otros y reconocerse dentro de una comunidad.

Desde la mirada de Antonio Bolívar, la escuela no puede limitarse únicamente a los contenidos académicos, sino que debe ser un espacio donde se aprenda ciudadanía, participación y vida común, y justo eso es lo que le da sentido a la docencia para mí: la posibilidad de construir espacios seguros para las infancias, donde puedan expresarse, sentirse escuchadas y sentirse libres. Me veo como una futura docente comprometida con el respeto de los derechos humanos dentro y fuera del aula. Desde lo establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la educación debe basarse en el respeto a la dignidad humana, la igualdad y el interés superior de la niñez, promoviendo espacios donde todos puedan aprender y desarrollarse plenamente. Por eso, más que enseñar contenidos, quiero acompañar a las infancias.

Como ciudadana me veo en constante construcción, aprendiendo todos los días de las personas que me rodean y de la manera en la que convivimos como sociedad. Antes pensaba que ser ciudadana solamente tenía que ver con cumplir reglas o formar parte de un país, pero ahora entiendo que implica muchas más cosas, incluso aquellas que pueden parecer insignificantes. Desde la forma en la que tratamos a los demás hasta la manera en la que participamos dentro de nuestra comunidad, todo esto tiene un impacto.

Me veo como alguien que se siente impotente ante las injusticias, alguien que no puede ignorar fácilmente el dolor ajeno ni las desigualdades que existen. Me veo cuestionando muchas cosas de la sociedad en la que vivimos: los estereotipos, la violencia, la discriminación y la forma en la que muchas veces normalizamos la falta de empatía hacia los demás. Me veo como alguien que no quiere ignorar lo que pasa y, justamente por eso, también como alguien que tiene esperanza en que las pequeñas acciones pueden generar cambios que parecen mínimos, pero que significan mucho.

Desde la mirada de Aristóteles, el ser humano encuentra sentido en la vida en comunidad. Somos seres que vivimos con otros, y justo eso implica ser ciudadano: reconocer que no vivo solamente para mí, sino también para los demás, sin dejarme de lado, sino entendiendo que ver por mí también puede significar ver por quien está a mi lado, respetar las diferencias, aprender a escuchar y esforzarme por construir espacios más seguros, inclusivos y humanos. Como ciudadana quiero participar desde la empatía y desde la conciencia de que todos merecemos sentirnos valorados.

Sé que aún soy alguien que sigue descubriéndose y entendiéndose desde su complejidad, y que todavía me falta mucho por conocer de mí misma y por seguir redescubriendo. Mientras tanto, me seguiré viendo como alguien que intenta encontrar un lugar para ella en el mundo, que intenta disfrutar de las cosas pequeñas, que sabe que no está vacía y que, en una sociedad donde a veces parecen imponerse el individualismo y la falta de empatía, intenta ver el amor en todas partes, intenta vivir. ♦

 

 

Referencias

Bolívar, A. (2007). Educación para la ciudadanía: Algo más que una asignatura. Graó.

Megino, C. (2012). “La concepción de la ciudad, de la ciudadanía y del ciudadano en Aristóteles”. Bajo Palabra. Revista de Filosofía, (7), 219-235.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión.

 

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Acerca de Ximena Guadalupe Martínez Ramírez

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Ximena Martínez es estudiante de la Licenciatura en Educación Preescolar en la ENMJN. Disfruta de la lectura, el aprendizaje constante y el acompañamiento de niñas, niños y jóvenes en sus procesos de crecimiento. Le gusta encontrar belleza en los pequeños detalles de la vida, pues cree que son estos los que dan sentido a lo que hacemos.

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