El Mundial de Futbol 2026
¿Euforia? ¿Emoción? ¿Para quién?
Guadalupe Edith Bello Cervantes
docente de la ENMJN
Mariana Vega Vázquez
Citlali Itzel Mendoza Casas
estudiantes de la ENMJN

Para los mexicanos, el futbol es mucho más que un deporte: es un pilar de la identidad nacional, un lenguaje emocional que une a las familias y una pasión que desborda en las calles, los estadios y las conversaciones cotidianas. Representa un punto de encuentro social y una válvula de escape emocional donde se refleja el carácter colectivo. El Jardín de Niños “Esther Huidobro de Azua” no podía quedarse atrás. El Mundial se vive de cerca, ya que el estadio se encuentra relativamente próximo a la escuela.
La Selección Mexicana, conocida como “El Tri”, es capaz de paralizar al país. Cuando hay torneos importantes, las comunidades se congregan, visten los colores verde, blanco y rojo, y celebran juntas, generando un sentido de orgullo y pertenencia muy profundo. El día de hoy queremos platicarles cómo se vivió, en nuestras prácticas de intervención de octavo semestre, el ambiente mundialista. Se explicó a los pequeños cuáles eran algunos de los países que estarían participando; investigaron en sus casas y también preguntaron qué países deseaban que ganaran sus familiares: papá, mamá, abuelitos y hermanos.

A partir de ahí inició la aventura. Los países más recurrentes en toda la escuela fueron Argentina, Portugal, México, Brasil y España. El Ranking FIFA observa el desempeño de las selecciones de futbol y realiza una clasificación a través de la Federación Internacional de Futbol Asociación. En ella se adopta un sistema de puntos, que se otorgan y anuncian en función de los resultados de todos los partidos internacionales aprobados por la FIFA.

En 2026, algunas de las selecciones mejor posicionadas en el Ranking FIFA son Argentina, España, Francia, Inglaterra, Portugal, Brasil, Marruecos, Países Bajos, Bélgica y Alemania. Estos antecedentes antes citados nos ayudaron a definir el proyecto escolar. Se realizó el mundialito escolar llamado “Mini mundialito”, en donde nosotras dos, Mariana y Citlali, fuimos coaches de dos equipos. Todos los días se llevaron a cabo juegos; cabe destacar que participamos con los grupos de manera intercalada. Los papás apoyaron incondicionalmente comprando la playera del país que le tocó a su hijo.

Como maestras, la tarea no sólo quedó en jugar y correr atrás de una pelota; investigamos cada país: la bandera, sus colores, tradiciones, tipo de comida, vestimenta, etc., por ello cada equipo se iba identificando con el país que representaba.
Cada partido nos permitía ver el cambio, la técnica y la emoción de llevar su playera, así como sentirse parte de un equipo. El futbol desarrolla grandes grupos musculares, por lo que ayuda a mejorar la coordinación motora y amplía la capacidad cardiovascular, facilitando así una mayor implicación con el deporte cuando se pasa a la edad adulta. En mi grupo, Citlali, por ejemplo, una pequeña hizo un excelente papel, tan es así que pensamos que tomaba futbol en la tarde, pero al cuestionar a sus padres comentaron que no jugaba y que nunca había jugado. Al ver lo fácil que fue para ella, motivamos a sus padres para considerar llevarla a clases vespertinas de futbol.

El futbol tiene una capacidad única para fomentar la inclusión y la integración social. Este deporte ofrece oportunidades para que personas de diversos orígenes se reúnan, promoviendo la comprensión y el respeto entre diferentes comunidades. Nos dimos cuenta de la importancia que tuvo la integración mixta para fomentar el compañerismo y la identidad.
Es importante destacar que el futbol es una disciplina que apoya el desarrollo de niñas y niños, ayudándoles a respetar normas; además, fortalece los huesos y músculos. El futbol es un deporte muy completo, pues involucra diferentes grupos musculares, a la vez que activa todas las articulaciones.
Estudiantes y docentes de la ENMJN vivimos la pasión del futbol
El día 28 de mayo de 2026 fuimos invitadas a la final del mundialito en Ciudad Universitaria, en donde jugaron Estado de México contra Nayarit. En este evento futbolero, Mariana, Citlali y la maestra Edith estuvieron en primera fila. Hace algunos años se mencionaba que el futbol era un deporte masculino, fuerte y golpeado. Por esa razón, resultaba difícil encontrar mujeres en el estadio, con la camisa de su equipo favorito, viendo el partido por televisión o jugándolo.

La pasión del futbol también es cosa de mujeres; por eso es importante dejar de lado todo tipo de estereotipos o etiquetas. El futbol femenil vive un momento histórico en México y a nivel global, destacando el tricampeonato del América en la Liga MX Femenil, el paso invicto de la Selección Mexicana y los preparativos para la Copa Mundial Femenina.

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El futbol y mis grandes recuerdos: amando a papá
Edith Bello
En mi familia, desde chica, vi futbol con mi papá. Él era americanista “de hueso colorado” —¡lástima!— y mi tío era 100% chiva. Mis recuerdos me llevan a esas llamadas burlándose por el equipo perdedor, y yo, en cierto momento, me visualicé en Pumas: entré a CCH Sur y eso le dio sentido. Así que los relajos en los partidos eran muy divertidos, peleando simbólicamente y diciendo quién era fan del mejor equipo.
En el Mundial de 1986 asistí a un partido con mi familia. Recuerdo que fue genial; nos regalaron cigarros de Turquía. Obviamente no fumaba, pero eran los souvenirs de otros países. He de confesar que en 2013 me gané una camioneta Outlander en una trivia de futbol de Telcel, algo increíble, pero totalmente cierto. Mis conocimientos de futbol me permitieron llegar a ganar.

Tuve oportunidad de ir a Europa y traté de pasar a los estadios más icónicos, como el Barcelona, Real Madrid, Newcastle y Liverpool. Lo más emocionante fue asistir a un partido de Italia vs. Holanda en la Eurocopa, en Ámsterdam. También estuve en Argentina, obvio, en la Bombonera, con Boca Juniors. Muchos partidos los he vivido en el Azteca —aunque quieran llamarlo diferente, para mí será el Estadio Azteca siempre— y otros tantos en Ciudad Universitaria y en el Estadio Ciudad de los Deportes.

Es así como deseo vivir este Mundial 2026: con pasión, con orgullo mexicano y con diversión. Disfruto ver los partidos entre amigos; soy muy gritona. A mi papá lo pellizcaba —era euforia, supongo—, y él nunca me regañó.♦
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Un deporte del corazón
Mariana Vega
Mi relación con el futbol —como es el caso de muchos mexicanos— comenzó en familia, cuando, aún sin ser consciente de qué trataba el deporte, mi papá me compró la camiseta de su equipo y, desde aquel momento, mi lealtad se quedó con Pumas; una pasión que vi de cerca a lo largo de la infancia, con familiares discutiendo sobre quién era el mejor equipo y mi abuelito con una de las frases más presentes en mis recuerdos: ser Chivas “de corazón”.
Por un tiempo no entendí qué era lo interesante en ver a jugadores corriendo y pasándose la pelota —y sigo sin hacerlo del todo—, pero me parecía increíble ver a tantas personas unidas por un mismo gusto, emocionándose y gritando con euforia, abrazadas e incluso llorando. Las tardes en las que mi familia se reunía para ver futbol eran únicas, entre botanas, apuestas, risas y playeras de distintas aficiones. Más tarde, recuerdo que en el Mundial de Brasil 2014 me encontraba cursando la primaria y nuestros profesores nos invitaron a llevar palomitas para ver en el proyector los partidos en los que participaba México, algo que, además de ser una experiencia muy emocionante, nos hizo unirnos como grupo, compartiendo emociones que se quedaron en nuestros corazones.

Aunque no soy la más fan del futbol, en cada Mundial no puedo evitar ir siguiendo de cerca a mis equipos favoritos, entre los que, por supuesto, se encuentra México. Por ello, cuando se propuso hacer el “Mini mundialito” en el Jardín de Niños “Esther Huidobro de Azua”, fue la oportunidad perfecta para reavivar esa emoción e introducir a las niñas y los niños no sólo al deporte, sino a lo que se avecina muy pronto en nuestro país: un Mundial que viviremos de cerca como un hecho histórico. Antes, durante y después de cada partido, en nuestra escuela de prácticas pudo sentirse el entusiasmo, la alegría y el compromiso de toda la comunidad; un proyecto que no habría sido posible sin la colaboración de todas y todos, y que los pequeños, de seguro, recordarán como algo significativo.♦
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Una pasión que trasciende la cancha
Citlali Mendoza
Por muchos años se ha dicho que el futbol es más que un deporte, y en mi caso puedo afirmar que es una forma de vida que me ha acompañado desde la infancia y que hoy continúa influyendo en mi desarrollo personal y profesional.
Mi historia con el futbol comenzó incluso antes de que pudiera comprender la magnitud de este deporte. Nací en una familia “pambolera”, donde los fines de semana estaban destinados a una tradición que nos reunía en el Deportivo La Fragata: mi padre, mis tíos, mis primos y hasta los vecinos formaron el equipo que, durante años, disputó partidos cada fin de semana, convirtiendo ese espacio en un lugar de convivencia, identidad y pasión. Aquella emoción que vivían los adultos fue heredada a las nuevas generaciones, las cuales crecimos observando, aprendiendo y participando en esta tradición familiar que nos enseñó valores como la disciplina, el respeto y el trabajo en equipo.

A la par de esta herencia familiar, nació mi amor por el Club Deportivo Guadalajara, el equipo de mis amores, el Rebaño Sagrado. Ser aficionada de las Chivas ha representado para mí un sentimiento de pertenencia y orgullo. Esta pasión me llevó a acompañar al equipo a diversos encuentros alrededor de la República Mexicana y cumplir un sueño: conocer el Estadio Akron, un recinto emblemático que simboliza la historia y grandeza de una de las instituciones deportivas más importantes del país y la única 100% mexicana.
Actualmente, como docente en formación, encontré la manera de vincular esta pasión con mi práctica, a partir de la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026, de la cual México será sede por tercera ocasión, representando así una excelente oportunidad para generar aprendizajes significativos.
Inspirada por este acontecimiento internacional y en congruencia con los principios de la Nueva Escuela Mexicana, propuse, junto con el colectivo docente, la realización de un torneo futbolístico escolar que simuló un “Mini mundialito”. Esta actividad permitió que las niñas y los niños representaran diferentes países, favoreciendo no sólo la práctica deportiva, sino también el conocimiento de diversas culturas del mundo.
Durante el desarrollo del torneo fue posible identificar nuevos talentos deportivos, observar habilidades sobresalientes en varios estudiantes y promover el desarrollo de capacidades motrices fundamentales para su crecimiento integral. Asimismo, se fortalecieron valores esenciales como la cooperación, la inclusión, el respeto por las reglas y el trabajo colaborativo.

El futbol me ha regalado experiencias inolvidables, amistades, aprendizajes y la posibilidad de transformar una afición personal en una estrategia pedagógica capaz de inspirar a las nuevas generaciones. Porque cuando el deporte se vive con pasión, compromiso y sentido educativo, trasciende las canchas y se convierte en una herramienta para construir comunidad, identidad y aprendizaje.♦
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Una pasión que trasciende la cancha